• Por Claudio Martínez
  •  Team ESA Lima 2019

Un día para enmarcar

Agosto 14 , 2019-

Por Claudio Martínez

Imposible olvidar, aun siendo extranjero, el sábado 10 de agosto de 2019. Un día para recordar eternamente y revivir esas sensaciones como parte del Team ESA en una jornada gloriosa e irrepetible. Tres oros panamericanos en una misma tarde. Tres veces el himno nacional. Tres veces la bandera en el centro y en lo más alto del podium. Tres veces rostros de emoción, de llantos, de incredulidad primero, de euforia después.

Ni tan perfecto

El día perfecto no fue tan perfecto. Amanecimos con la noticia de que Diego Turcios no dio el peso para competir y fue descalificado. Su testimonio, al borde de las lágrimas, fue conmovedor. "Se me fue la medalla", se lamentaba. El judoca era la imagen de la decepción. Le faltó un kilo, en el que el frío de Lima, un inoportuno control antidoping -lo obligaron a tomar tus botellas de agua para orinar- y un evidente error de cálculo lo dejaron afuera. Cinco horas diarias de gimnasio, hasta vaciarse de energía, no fueron suficiente, ni siquiera sus ayunos o las sesiones de sauna. Su única salida fuera de la villa en seis días fue a un centro comercial, pero no a hacer compras sino a trotar en el calefaccionado parqueo de lugar, un último recurso que tampoco funcionó.

Ese día no pintaba bien. Y mientras un equipo estaba con Roberto Hernández en las horas previas al enfrentamiento a Braden Gellenthien, número uno del mundo, otros acompañamos al saltador Natán Rivera en su competencia de pértiga. Otro drama. Un intento fallido, un segundo que ni siquiera fue eso... Natán se quedó a medio camino con un gesto de dolor y se tocó su tobillo. Basta. No pudo seguir. Frustración total para un atleta que llevaba meses preparándose para eso. En uno de los calentamientos previos sufrió un esguince y, así de crudo, su entrenador David Butler le dijo que con esa molestia no estaba en condiciones de presentarse a competir. Natán lo intentó, pero no pudo, incluso corriendo el riesgo de agravar su lesión. No eran los mejores augurios en el día que El Salvador cerraba su participación en Lima y el bronce del surf parecía insuficiente y lejano en el tiempo.

Atrapados en el tráfico

Paso siguiente: dejar La Videna, sede del atletismo, e ir al Coliseo Mariscal Cáceres, lugar del fisicoculturismo. "Media hora", aseguró Cristian, el motorista. Waze, sin embargo, se atrevió a contradecirlo: "una hora y diez". Claro, nadie había reparado que varias calles estaban cortadas por la competencia de ciclismo. Íbamos a llegar apenas cinco minutos antes de que comience el Fisicoculturismo junto a Esmeralda Sánchez, la fisioterapeuta que consiente a los atletas, y Roberto Iglesias, de logística, uno de los responsables de que los fisicoculturistas tuvieran los alimentos de su dieta y el que movió cielo y tierra hasta conseguir el agua destilada que debían beber los atletas.

Las dos psicólogas del Team ESA también se habían dividido. Sandra, que había trabajado toda la semana con Roberto, estaba con el arquero. Alexandra, en la otra punta de Lima, contenía la ansiedad de Paulina Zamora e intentaba infructuosamente frenar el triunfalismo de Yuri Rodríguez, que se autoproclamó ganador del oro apenas puso un pie en la villa.

La competencia de Roberto Hernández nos encontró atrapados en el tráfico de Barranco, uno de los barrios más elegantes de Lima, aún lejos del destino final. "Por la hora ya debe haber comenzado", comento yo. "Pregunto por el Whatsapp cómo van y nadie me responde", agrega Esmeralda. Intentamos sintonizar ESPN desde el celular, pero están transmitiendo Barcelona-Napoli en uno, en otro hay atletismo y en otro béisbol de Pequeñas Ligas. Nada. Nadie responde. Internet se cae, luego vuelve, y se cae otra vez.

Sin noticias

"Ya debe estar por terminar, son solo quince flechas", pienso en voz alta. En la radio Oasis 100.1 FM del Toyota negro que maneja Cristian siguen sonando Los Enanitos Verdes con todo su repertorio. El carro no avanza y la ansiedad nos carcome. Al final creo que es mejor no estar ahí y sufrir. Ya estuve ahí ayer cuando Roberto le ganó al mexicano y aseguró la plata. También estuve en Dubai en 2007 cuando Jorge Jiménez venció al mismísimo Gellenthien y fue campeón del mundo. Es mejor no estar para no sufrir. Esta instancia del tiro con arco es lo más parecido a una definición por penales. Un 10 es convertir, un 9 es fallar. Tres milímetros separan la gloria de la derrota. Así de simple.

Tres milímetros, también, es lo que avanzaba el carro, y seguimos sin noticias de Roberto Hernández. Imaginamos que siguen compitiendo. Imaginamos a Sandra, la psicóloga, recordándole a cada momento que se enfoque. Imaginamos a Guayo Palomo rezando Padres Nuestros y Ave Marías con la mirada fija en la diana, a sus padres tensos pero sin soltar la bandera, a sus compañeros comiéndose las uñas, al resto expectantes conteniendo la respiración...

Ninguno ha tenido tiempo para decirnos que arrancó bien, o que empezó mal y tiene que remontar. Nada. Cero pistas. El Whatsapp sigue mudo hasta que alguien pone un solitario "ORO". Y luego aparece un "Roberto ganó", y otro "Vamos El Salvador", y "Ooooooorrrooo". Dentro del Toyota negro, que ahora avanza algo más rápido, se celebra como un gol sobre la hora. Cristian, el motorista, pregunta: "¿Ganó el señor del arco y flecha?"

Hubiéramos dado lo que fuera por teletransportarnos y dejar el tráfico de Lima para estar en ese momento en Villa María del Triunfo en la coronación de Roberto, un atleta integral con todas las palabras. Pero no es posible. Nos conformamos con ver las imágenes que nos mandan por el celular. Felicidad total. El Salvador ha vuelto a ganar un oro en Panamericanos después de 12 años, primero en la historia en la rama masculina.

Desde el Coliseo

Por el mismo celular, pero desde el escenario de fisicoculturismo, la psicóloga Alexandra también envía fotos. Paulina en su calentamiento, Yuri ya barnizado de maquillaje... "¿Dónde vienen? ¿Ya están aquí?", pregunta Ale y nos aclara que Paulina necesita barra. La respuesta es que seguimos en el tráfico. "Tranquilos, llegarán bien, Paulina es la número 15, casi de las últimas en salir", afirma la psicóloga colombiana del Team ESA.

Mientras suena otra canción de los Enanitos y el carro empieza a salir de la trabazón, el conductor pregunta si la de Roberto Hernández es la primera medalla que gana El Salvador. Bobby le explica que no, que antes hubo un bronce de Bryan Pérez en surf. "Son tres, ya son dos oros y un bronce", corrijo con cierta ironía. "A las medallas de Bryan y Roberto hay que sumar la de Yuri, él garantizó el oro desde que llegó y yo le creo. Nunca vi a alguien tan convencido", agregué. Y allí vamos, a ver la competición que confirmaría, como él dijo, que "el mejor cuerpo de todo el continente se forjó en El Salvador".

Llegamos al Coliseo dos minutos antes de las cuatro, la hora señalada. Para los que no son muy avezados en el Fitness Coreográfico, como el que escribe estas líneas, la primera sensación es que es muy similar a un concurso de belleza, con las señoritas exhibiéndose frente al jurado en diferentes atuendos solo que sin pedir "por La Paz mundial". Pero luego entenderemos no es solo eso: cada una presenta una rutina de baile y ahí cuenta la creatividad y la flexibilidad. Después llega el turno de los hombres. Yuri está de blanco al centro, y es el número 25. Sonríe mientras realiza su rutina con la música de la película 2001 Odisea del Espacio. Parece que supiera que va a ganar. Después vuelven las mujeres, y luego otra vez los hombres.

El otro Team

En el tiro con arco ya acabaron los festejos y todos se suben al microbús, incluso Roberto Hernández y sus padres, con rumbo al fisicoculturismo. El tráfico, siempre el tráfico, los hace dudar. "¿Llegamos a tiempo?" pregunta Aldo Fuentes, de Comunicaciones. Ya fotografió un oro, pero está sediento y quiere retratar más gloria. "Vengan, esto es largo, no termina nunca", les digo. Y se vienen.

En el camino se van enterando de las novedades. "Yuri más cerca del oro, quedó entre los seis finalistas. Acaban de anunciarlo". Se les informa y se tuitea. Unos minutos después nombran a las seis femeninas, y también aparece Paulina. Vamos bien. Aliento total. Y de repente, un torbellino de sensaciones. Desde bambalinas, detrás de escena, Alexandra Garzón, que no se despegó un minuto de los dos atletas salvadoreños, envía un mensaje en el grupo. "Yuri dice que ganó, que ahora lo van a anunciar". Si había alguna duda, la psicóloga se asoma por la cortina, sonríe y levanta cómplice el pulgar derecho. A 30 metros, en las gradas, hay otra explosión de júbilo. "Esperemos, Yuri dice que es oro desde que vino a Lima", digo llamando a la calma. Duda: ¿celebrar o esperar? ¿Y si no es? La desilusión puede ser grande.

Dudas y confusión

En medio de ese debate, y mientras el locutor anticipa que en breve presentarían a los ganadores y tres voluntarios armaban el pódium, una marea azul invadió el Coliseo. Encabezados por Roberto Hernández, un grupo de no menos de quince personas -incluido Guayo Palomo, presidente del Comité Olímpico- llegaron al lugar para apoyar.

“Parece que ganó Yuri”, es el comentario generalizado. Desde un grupo de Whastapp, el periodista Néstor Hernández, de Canal 12, aseguraba que en la página oficial ya lo han anunciado. Pero aquí nadie dice nada. El locutor genera suspenso… e incertidumbre. En el Coliseo, un monstruo de cemento, el internet no tiene buena recepción y el sitio oficial de Lima 2019 no carga. Cuando al fin logramos ver la página, Yuri aparece como número uno. ¿Eso significa que es oro? Fabrizzio Hernández, presidente de la Federación de Fisicoculturismo y único que entiende del tema de todo el grupo, los mira y afirma: "Si es así, ganó él". Las dudas se disipan rápido. Antes de que el locutor diga nada, el orden del ingreso de los oficiales de premiación revelan el resultado: la bandera de El Salvador va en el medio. ¡Yuri es oro!!! Los salvadoreños se abrazan, no lo pueden creer... Yuri sonríe.

En medio de la euforia generalizada, y comprobando que la página oficial estaba en lo cierto, una nueva consulta arrojó un resultado aún más sorprendente: Paulina Zamora, en la categoría femenina, también aparecía como ganadora del oro. ¿Será? Otra vez la bandera salvadoreña al centro fue lo que terminó de desencadenar un auténtico carnaval que tuvo una pequeña pausa cuando sonaron las estrofas del himno nacional para después desatar la locura con una invasión total a la zona de tarimas. No hubo valla ni cina de seguridad que se resistiera.

Locos por el físico

Nunca nadie había imaginado tanta gente celebrando gritando y saltando, llorando de emoción por el fisicoculturismo. Yuri, aquel niño que trabajaba en un taller de enderezado y pintura, aquel que era empacador en La Tapachulteca, es oro panamericano. Nina, la chica a la que los ligamentos cruzados marginaron de la gimnasia, muerde su medalla de oro tras vencer todas sus dudas. En medio de todo, Fabrizzio Hernández sonreía: "Se los dije y ustedes no me creían. El fisicoculturismo es el deporte de moda". Por su parte, Carlos Pereira, del Team ESA, quien el último día asumió como jefe de misión de la delegación ante el viaje anticipado del coronel Francisco Ramos, definió su gestión como la más exitosa de la historia. Un día a cargo, tres oros. Palomo, en cambio, comparaba su bigote mustache con el de Yuri, cumpliendo una promesa que hicieron juntos un mes atrás.

Faltaba, todavía, la foto para la historia: la de los tres medallistas dorados gritando por El Salvador. Estaba Roberto, estaba Yuri, estaba la bandera... Pero en la zona mixta no soltaban Paulina, que seguía dando declaraciones a los medios extranjeros, y aún sin poder creer que en su pecho colgaba el oro. Al final, una mano salvadora la liberó de seguir dando respuestas y la puso a posar para una fotografía que será recordada por todos los tiempos. El 10 de agosto de 2019, el día más exitoso del deporte salvadoreño. Un día para enmarcar.

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